La persona, arropada en una manto oscura, parecía ausente en sus reflexiones, con la ojeada puesta en las brasas que crepitaban y relucían en la negritud. De vez en cuando, una brisa suave movía las residuos, provocando que la sombra de la figura se corriera y se deformara en el terraza.
De súbito, una ráfaga de viento más fuerte que las precedentes sacudió las cenizas y las brasas, haciendo que la forma se agitara ligeramente. Resultó un desplazamiento casi imperceptible, pero lo bastante como para que la proyección en el suelo se moviera y se transformara en una figura más clara. Una sombra en las brasas
La vecinos del lugar había escuchado historias sobre la presencia de formas en las brasas. Decían que eran fantasmas de gentes que habían perecido en el lugar, y que volvían para mirar a los vivos. Algunos decían que eran meramente la expresión de la propia penumbra, que se nutría del miedo y la credulidad de la gente. La persona, arropada en una manto oscura, parecía
La figura continuaba mirando las brasas, mas ya aparentaba que estaba viendo algo otro de ellas. Algo que únicamente ella podía ver. La negritud solía estar cobrando forma y sustancia, como si hubiera tomando aliento intrínseca. Algunos decían que eran meramente la expresión de
La noche había caído sobre el reducido aldea como un cobija de mudez. Las vías, antes colmadas de existencia y ruido, ahora estaban yermas y oscuras, solo aclaradas por la luz de las lamparas que lanzaban sombras extensas y curvas en el suelo. En el medio de la plaza, una figura sola se sentaba en un escaño, mirando las ascuas que restaban de una hoguera que había sido iniciada ratos antes.
La figura continuaba mirando las ascuas, pero ahora aparentaba que estaba viendo algo más lejos de aquellas. Algo que solo ella misma podía percibir. La penumbra parecía estar adquiriendo figura y cuerpo, como si se encontrara adquiriendo vida propia.